ALFONSO AYALA DE LAS VENTAS DEL BAÑO (LA RIOJA)

 



Alfonso Ayala Jiménez es un vecino de Ventas del Baño que tiene 71 años y que en su juventud fue músico de varias orquestas. En los setenta comenzó a tocar en Los Maracay (Ablitas, Navarra), conjunto en el que estuvo 18 años. Actualmente no duda a la hora de subirse de nuevo al escenario para 'matar el gusanillo'. Lo hace por afición, cuando la orquesta de Rincón de Olivedo Fusión, actúa por la zona.

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De joven estudió solfeo y trompeta con el músico cerverano Manuel 'El peca' y subía a cantar algún tema con la mítica Bolero de Cervera. Con 23 años, recién llegado de la mili, se compró en Zaragoza una guitarra italiana semi acústica Welson y un amplificador español Sinmarc. Un equipo que todavía conserva. Había aprendido a tocar la guitarra española con un compañero de la mili y el resto fue practicar y practicar para adquirir técnica.

En cierta ocasión, en un pueblo de Burgos una persona le quiso cambiar la guitarra por otra, una Fender. «Me dijo que le gustaba el sonido jazz que tenía, pero yo no quise», comenta Alfonso. Dejó la música para centrarse en el negocio familiar del pueblo, el mesón Angelita, y después, cuando cerró, trabajó en el balneario de Fitero hasta que se jubiló.

Nos cuenta que en unas fiestas de Ventas del Baño tuvo la oportunidad de subirse de nuevo al escenario con la orquesta Stars, ahora Fusión, y desde hace unos años aprovecha cuando actúa en la zona para interpretar con ellos todo el repertorio.

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En cierta ocasión, en un pueblo de Burgos una persona le quiso cambiar la guitarra por otra, una Fender. «Me dijo que le gustaba el sonido jazz que tenía, pero yo no quise», comenta Alfonso. Dejó la música para centrarse en el negocio familiar del pueblo, el mesón Angelita, y después, cuando cerró, trabajó en el balneario de Fitero hasta que se jubiló.


Nos cuenta que en unas fiestas de Ventas del Baño tuvo la oportunidad de subirse de nuevo al escenario con la orquesta Stars, ahora Fusión, y desde hace unos años aprovecha cuando actúa en la zona para interpretar con ellos todo el repertorio.

Alfonso, que también cantaba con Los Maracay, recuerda que en los setenta y ochenta «tocábamos primero música movida y luego lenta para que la gente se agarrase bailando». «Recorríamos sobre todo lugares de Burgos, Valladolid, Soria, La Rioja y Navarra en fiestas patronales y otras menores». Y añade: «A los pueblos ibas dos o tres días, antes el músico estaba mucho más considerado y la gente bailaba más».

Reconoce el notable cambio de equipos y repertorio: «Nosotros teníamos 1.200 watios de sonido (el público podía escucharte y hablar sin molestia) y actualmente las orquestas llevan 30, 40 o 50 mil watios. La iluminación es espectacular mientras entonces montábamos cuatro cajas con cuatro focos y unos fluorescentes. También he de decir que la música ahora es más complicada de tocar, los músicos son buenos».

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